La ventana hipnagógica es ese estado extraño, en parte dormido, en parte despierto, que ocurre en los bordes del sueño — al bajar a él por la noche, al salir de él por la mañana. El uso contemplativo de esta ventana está bien documentado en múltiples tradiciones y en el estudio científico moderno de la conciencia. No es sueño lúcido; es el umbral de al lado.
En la dirección vespertina, la ventana hipnagógica se abre durante unos minutos entre la vigilia plena y el sueño pleno. La mente se afloja. Aparecen imágenes que la mente despierta no habría producido. Se agrupan asociaciones laxas. Llegan frases que no terminan de pertenecerle a nadie. Para usar esta ventana deliberadamente, la practicante se tumba con la intención de quedarse justo por debajo del sueño pleno todo el tiempo posible. Algunas practicantes usan la técnica clásica de sostener un objeto pequeño (una llave, una moneda, una cuenta de madera) suelto en una mano sobre una superficie dura; cuando el objeto cae, la mano se ha relajado lo bastante como para que el sueño esté a punto de tomar el relevo, y el ruido de la caída devuelve brevemente al cuerpo al umbral.
En la dirección matinal, la ventana hipnopómpica se abre durante uno a tres minutos después del despertar natural, antes de que el día se organice. La practicante se queda quieta, con los ojos abiertos o cerrados, y mira lo que está presente sin agarrarlo. Imágenes, sensaciones residuales, pensamientos a medio formar que aún no han tenido tiempo de ser editados.
La práctica en ambas direcciones es la misma: quedarse en la ventana mientras se mantenga abierta, y no intentar producir material a partir de ella. La ventana no responde a exigencias. Sólo responde a una atención paciente y sin defensa. El material que llega es a veces útil, a veces no interpretable, a veces obviamente residuo de horas recientes. La practicante no es la comisaria; lo es la ventana.
La mayoría de las practicantes descubren que las ventanas hipnagógica e hipnopómpica son mucho más ricas de lo que asumían. Llevan abriéndose y cerrándose cada noche de su vida. La práctica no es la producción de estados nuevos; es el reconocimiento de estados que ya estaban ocurriendo. A lo largo de meses, esta atención tiende a alterar la relación con la creatividad, con la intuición y con los materiales del sueño de una manera que ninguna otra práctica única duplica del todo.